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Algunos niños, son especialmente impulsivos, no paran quietos, parecen tener un motor siempre en funcionamiento. No comprenden bien lo que se les dice, o parece no importarles, tienen problemas con los otros niños, peleas, discusiones, no soportan que les lleven la contraria y rompen todas sus cosas. Son desordenados, desobedientes e inconstantes, solo les atraen las cosas nuevas y cambian constantemente de actividad. Si encontramos un niño así, es posible que estemos ante un caso de hiperactividad. Sin embargo, no todos los niños “movidos” son hiperactivos, y se necesita un especialista para diferenciar las diversas causas del problema. Ser desobediente, maleducado o tener problemas en el cole, no es motivo suficiente para diagnosticar el trastorno, ya que las causas del mal comportamiento pueden ser múltiples. Con el tiempo, estos niños suelen calmarse y la hiperactividad desaparece o al menos se atenúa. El déficit de atención, es un síndrome neurológico que nace con la persona y muere con ella, no desaparece con la infancia. Es una incapacidad verdadera para concentrarse en aquellas tareas que suponen esfuerzo y baja motivación. Pueden realizar muy bien aquellas otras que les gusten, por complicadas que sean, pero aprenden las cosas del colegio con mucha dificultad. Son niños ensimismados, soñadores, que se distraen con suma facilidad y aprenden difícilmente listas de cosas, reglas fijas, y datos académicos. Confunden números y letras al escribir, sufren cuando tienen que leer y van retrasados con el ritmo de la clase. Frecuentemente son considerados por padres y profesores “lentos”, “torpes”, y en definitiva, algo tontos. Ellos quieren desesperadamente estar a la altura, hasta que se cansan de no lograrlo y tiran la toalla y entonces se les llama “vagos”. Por favor no confundir un déficit de antención auténtico, con una excusa para no estudiar. Es frecuente que los padres de adolescentes vengan a consulta porque su hijo no “puede concentrarse”, cuando en realidad, el chico o la chica, se aburre estudiando. Nuevamente deber ser el especialista quien resuelva la cuestión. Aún no está del todo clara la relación entre Déficit de Atención e Hiperactividad. Rara vez se da hiperactividad sin déficit de antención, pero sí hay muchos casos de Défict de atención sin hiperactivdad. Falta aún por determinar si son dos problemas distintos o dos manifestaciones del mismo problema. Las causas son múltiples, existe un fuerte componente genético, pero también influyen las dificultades del embarazo y el parto y se ha relacionado con madres fumadoras. Físicamente, se ha relacionado con una cierta lentitud de el cerebro para funcionar, por esa razón necesitan estímulos nuevos constantes que vitalicen las funciones cerebrales. En algunos casos, estas dificultades se perciben en un TAC craneal, en otras son indetectables. El síndrome afecta mucho más a los varones, en una proporción de diez contra dos. No existe ninguna relación entre el Déficit de Atención, la Hiperactividad, y la inteligencia, hay personas distraídas muy inteligentes y las hay muy torpes, como en todo.
La Hiperactividad, suele ser detectada mucho antes, ya que el niño ocasiona problemas familiares desde muy temprano. Sin embargo el déficit de Atención puede pasar desapercibido años, incluso toda la vida. Si un niño tiene dificultades escolares repetidamente y no sigue el ritmo de la clase por mucho que se esfuerce, por favor no dude en consultar con el psicopedagogo del colegio, que están para estos casos. Insista ante el tutor que quiere una evaluación completa, ya que en el mismo colegio, pueden y deben efectuar una medida de la capacidad intelectual que determine sus problemas de aprendizaje. La Hiperactividad y el Déficit de Atención no tienen cura, son para toda la vida, pero se puede aprender a manejar la conducta del niño y con el tiempo, el joven aprende a corregir sus propios fallos, explotando sus cualidades y compensando las dificultades de aprendizaje. Es imprescindible una terapia conductual con niños y padres, que les enseñe a manejar las situaciones difíciles. En algunos casos graves, en los cuales la movilidad es excesiva o las dificultades de aprendizaje se acumulan, no hay más remedio que acudir a la medicación, pero este debe ser siempre el último recurso y debe ir acompañado de terapia psicológica. La medicación prescrita para estos casos, está basada en un derivado anfetamínico llamado metilfetamina. Es paradójico que a un niño que no para quieto, le puedan calmar un derivado de las "anfetas", pero así es. Lo peor que se les puede dar a estos niños es tranquilizantes. Los padres normalmente prueban con valeriana, con tila, cuando les iría mejor con el café y la coca-cola. Necesitan estimulantes que equilibren su baja actividad neuronal. Los fármacos más recetados son dos: Ritalín y Concerta. El primero es de acción inmediata y muy eficaz, pero cuyos efectos pasan pronto. El segundo, es de acción más dilatada en el tiempo, aunque menos intensa. Son fármacos que se consideran seguros, ya que su uso ha sido muy extendido, pero no dejan de tener efectos secundarios, tales como mareos, sequedad de boca, irritabilidad, insomnio, eunéresis y cierto retraso del crecimiento. Deben ser tomados durante largos periodos de tiempo, en los cuales hay días y meses de descanso. Está a punto de comercializarse en España un nuevo fármaco que no proviene de las anfetaminas, pero su uso y efectividad aún están siendo investigados.
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