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ADOLESCENTES.
1)Conversar no es dar sermones. (Consejos prácticos para hablar con los adolescentes. Busca el momento propicio, cuando podáis sentaros tranquilamente, sin la tele encendida. Controla el mal humor, no puedes pedir respeto a gritos. Igualmente, exige un tono de voz moderado, si te chillan, simplemente práctica el “tiempo fuera”. Sal de la habitación hasta que se calmen. Escucha sus razones, aunque te parezcan fuera de lugar, si tú no les escuchas a ellos, ellos no te escucharán a ti. Y pon cara de estar escuchando. Razona siempre el porqué de las cosas, “porque lo digo yo”, pasó de moda. Mantén claros los objetivos de la conversación, no te dejes liar con argumentos secundarios, ni entes en discusiones absurdas donde tienes las de perder. Si dialogas tranquilamente, tienes una oportunidad de que reconozcan que sus problemas, pero si intentas imponerte a la fuerza, lograrás el efecto contrario. Asume que ellos tienen su punto de vista, su visión de las cosas y su forma de pensar distinta a la tuya, no porque seas su padre o madre, tu criterio es automáticamente mejor. Tenlo muy claro, el pasotismo, es casi siempre fingido, es una postura para sacarte de quicio, ignóralo. Tolera ciertas expresiones verbales y ciertas posturas poco adecuadas, que se repatinguen en el sillón no quiere decir que no escuchen, concéntrate en lo importante. Insiste muchas veces en lo mismo, aunque te llamen pelmazo, todo queda. Muchas veces saben perfectamente que tienes razón, pero no quieren dar el brazo a torcer, si consigues no herir su orgullo de “rebeldía”, tienes muchas más posibilidades de que te hagan caso. 2) Cómo hablar de sexo con los hijos. Sobre todo, naturalidad, no es un tema diferente de los demás. Es normal que sientan vergüenza o quieran evitar el tema, tampoco podemos pretender que nos cuenten toda su vida privada, tener intimidad es básico para el desarrollo como personas. Evita el “yo a tu edad….”. Nada de sermones “esto no lo hagas, esto no es bueno, no tienes edad, etc…”. Lo mejor es aprovechar un rato que estén “descuidados” y sacar el tema “por casualidad”, cualquier conversación de adultos, si dura un buen rato, deriva fácilmente al sexo, de modo que no es difícil llegar al tema dando un rodeo. Si no hay más remedio y el adolescente evita el tema automácamente, no hay más remedio que tomar el toro por los cuernos y dar la típica “charla”. Tengamos muy claro que les queremos decir, y cual es el mensaje que deseamos trasmitir, si nosotros estamos confusos, no aportamos más que confusión. No saben más que nosotros de sexo, más que informados, están desinformados. De sexo hay que hablar desde que el niño tiene capacidad de habla, esperar a que tengan 15 años para darles “la charla” es un gravísimo error. Cualquier adolescente mayor de 12 años, para estar mínimamente informado debe saber: - El proceso fisiológico. - Los ciclos de fertilidad. - Cuales son las enfermedades de transmisión sexual. - Como se usan los anticonceptivos. - La influencia de drogas y alcohol en el sexo. - Que tiene el absoluto derecho y deber de respetar su cuerpo y el de los demás. Debe decidir con quien ir y cuando, con total libertad y pleno sentido de la responsabilidad. Naturalmente, aquí influyen las creencias de cada uno sobre el sexo, y el amor, que debemos trasmitir a los hijos pero sin intentar imponer nada.
La autoestima es siempre algo muy frágil en todas las personas y más en la adolescencia. Es normal que un día estén contentísimos y al otro se sientan muy desgraciados, ya que todo lo ven en términos de blanco- negro. Debemos preocuparnos si el adolescente manifiesta de contino sentimientos y expresiones del tipo: “no valgo para….” , “todo lo hago mal…” , “soy un desastre…”, “estaríais mejor sí mí “ etc. Un de los grupos de edad con mayor riesgo de caer en una depresión es el de los adolescentes, por eso hay que estar muy atentos a cualquier manifestación prolongada de apatía y desánimo. Algunos ejercicios que fomentan la autoestima: Visitar juntos la peluquería. Ver y comentar juntos las fotos familiares, para que tenga como referencias estéticas y de personalidad personas reales y no solo famosos de revistas. Repasar el armario. Comentar juntos trucos y secretos para gustar al sexo opuesto. Contarles como éramos y como nos sentíamos a su edad, con nuestros problemas y contradicciones, sin que suene a rollo repetido de tu eras más responsable, menos contestón y más trabajador. No culpabilizarles continuamente de sus fracasos. Explicarles que nadie puede ser perfecto ni hacerlo todo bien, contar nuestras propias dudas y fracasos. Hacer una lista de todas las cosas buenas y agradables que tienen. Decirles que estamos orgullosos de ellos sin vergüenza, por sus pequeños éxitos. Reírnos de nosotros mismos, para que aprendan a no darle tanta importancia a los pequeños problemas cotidianos, el sentido del humor es contagioso Uno de los peores miedos de los padres de un adolescente es que se junte con “malas compañías”. Siempre que un joven hace algo que no debiera, queda el recurso de apuntar hacia esas “malas influencias” como promotoras del desastre. Ante estse panorama hay que recordar que: Un chico se junta con los que considera sus iguales. Los “frikis” no van con los pastilleros, los siniestros no se juntan con los raperos. El grupo se une por aficiones e intereses, y en un grupo no es admitido alguien que tenga otras prioridades, de modo que si un joven no tiene por sí mismo, interés por ciertas actividades, no irá con aquellos que las ejercen. En la adolescencia es importantísimo pertenecer a un grupo. Es cierto que la presión del grupo es muy fuerte y es muy difícil, una vez que se ha entrado en una pandilla, decir que no a la mayoría ya que llevar la contraria puede significar ser excluido. No sirve de nada cambiar el entorno de un joven con la esperanza de que deje atrás las malas compañías, ya que rápidamente buscará otras aún peores. No busquemos terceros culpables en el comportamiento del chaval ya que esto no le ayuda a responsabilizarse de sus actos. Para el correcto desarrollo de la personalidad, es necesario pasar por esta fase en que lo importante en la vida son “los colegas”. Los amigos no se pueden imponer. Es parte del respeto necesario que debemos a nuestros hijos aceptar a sus amigos aunque no nos gusten. No tenemos derecho a imponerle nuestro criterio a la hora de seleccionar los amigos y es contraproducente, ya que cuanto más nos empeñemos en que tal persona no tiene buenas intenciones, más se empecinarán ellos en demostrarnos lo contrario, ya que nadie escarmienta en cabeza ajena. ¿Estamos seguros que el amigo es tal malo como parece? No nos dejemos llevar por las “pintas” ni las malas notas, para juzgar un chaval Lo que sí debemos enseñarles desde muy pequeños, es cuales son las bases de una amistad sincera. Si un chaval está seguro de sí mismo y de sus principios, las supuestas malas compañías no le afectarán. 5) !Estoy horrible! La importancia de la imagen en la adolescencia. El aspecto físico. Los adolescentes están cambiando muchísimos rasgos físicos y asumir todos esos cambios lleva bastante esfuerzo. Antes su cuerpo no les preocupaba, ahora parece que no tengan otra cosa en que pensar. Por un lado la búsqueda de aceptación por parte de los demás y de otro el despertar del interés por el sexo opuesto, les lleva a un análisis pormenorizado del propio cuerpo. Que a un adolescente no le guste su cuerpo o determinada parte de su cuerpo, es del todo normal y de hecho, suele ser lo más frecuente. Pero cuando llegan a obsesionarse con ello, peden desarrollar un trastorno llamado “dismórfico” que les lleve a sentir verdadero asco de sí mismos. La autoestima en cualquier edad sufre altas y bajas, en la adolescencia, con su ir y venir de sentimientos es del todo normal estar un día eufórico y al otro deprimido, de modo que verse un día muy guapo y otro horroroso es del todo normal. La valoración negativa de uno mismo, si es continuada, si debe tomarse en consideración ya que los adolescentes son un gran grupo de riesgo en la depresión. Cuidado con las valoraciones que hacemos de nuestros hijos y de los hijos de los demás. Si a nosotros nos preocupa que estén gordos, por ejemplo, les trasmitimos esa preocupación. Los prejuicios se contagian. Es una muy buena manera de acercamiento madre –hija. Visitar juntas a la esteticien o ir a la peluquería. Vigilemos atentamente que gimnasios frecuentan nuestros hijos y que dietas siguen. Hacer deporte es muy sano y muy conveniente, pero a cierto nivel de competición puede dejar de ser saludable. Ciertos deportes exigen dietas muy estrictas y los entrenadores pueden estar demasiado deseosos de ganar a cualquier precio. Tómatelo muy en serio cuando tu hijo/a diga que quiere hacer dieta, pero no dejes ver que eso te preocupa. Procura que sea bajo supervisión del médico o de un nutricionista, o visita a un naturista que le de consejos racionales. Si no aparentas darle mucha importancia, lo más seguro, es que pronto se canse de la dieta. El deporte favorito del adolescente es mirarse al espejo. Su inseguridad y la necesidad imperiosa de ser aceptado por el grupo de iguales le llevan a preocuparse constantemente de su imagen. El adolescente, refleja su personalidad, sus gustos y sus ideales en su forma de vestir, por eso es tan importante que se pone. Intenta siempre parecerse a los amigos, sin salirse de la norma, pero diferenciarse de los adultos. En pura contradicción, intentan ser iguales en lo diferente, es decir van realmente uniformados, siguiendo modas y estereotipos pero intentando trasgredir y ser rebeldes. Por esta razón son un blanco perfecto y preferente de la publicidad. Pertenecer a un grupo es en buena parte, cuestión de imagen. Esta norma es válida, no solo para aquellos que siguen determinadas tendencias, sino para todos los adolescentes en general. Si su grupo de amigos no aceptan su forma de vestir, será presonado hasta que cambie o se le excluíra del grupo, con lo que puede generar serios problemas de autoestima. Los adolescentes, se fijan más en lo superficial y aún no tienen claras las bases de una amistad sincera. En el intento de ser más “guay” que los demás, llevarán cada vez más lejos las exigencias de la indumentaria, de ahí la manía de pedir tatuajes, piercing, extensiones, etc. Descuidar la imagen personal, ir hecho un trapo e incluso no lavarse (relativamente frecuente en los chicos) es también una pose, una imagen medida delante del espejo. La higiene personal es un aspecto que no se puede negociar, es irrenunciable para una buena convivencia con los demás. En el resto, lo mejor es ignorarlo. Ningún adolescente se traumatiza por no tener ropa de marca. Tenemos que tener muy claro que su cuerpo es suyo, que su imagen es su decisión personal, y debemos respetarla, aunque no nos guste. Cuanto más expresemos nuestro desagrado, más nos provocarán con la indumentaria. Por ello, lo peor que podemos hacer es escandalizarnos ante una determinada manera de vestir. La ropa, el aspecto es superficial. Por favor no nos alarmemos porque nuestro hijo solo vista de negro con pinchos, no significa nada, ya se le pasará. Anorexia nerviosa. Es el más conocido y tiene dos subtipos: restrictiva, en el cual la ingesta de alimentos está severamente limitada, y no restrictiva, cuando la pérdida de calorías se produce a través de laxantes, ejercicio, diuréticos, etc. En muchas ocasiones, va unida a la bulimia. No hay que confundirlo con la anorexia producida por estrés, en la cual el paciente pierde el apetito, pero no se preocupa en absoluto por su aspecto. En la anorexia, el apetito no se ha perdido, ni mucho menos, pero comer se asocia a algo sucio e impuro y soportar el hambre se convierte en un logro personal. Bulimia. Consiste en pegarse atracones de comida y luego vomitar. Suele ir unido a periodos de anorexia entre atracón y atracón. También hay personas que se pegan atracones o comen compulsivamente para calmar la ansiedad y no vomitan después y no se consideran bulímicas. Vigorexia. Querer tener un cuerpo musculoso, es un trastorno más común en chicos. Ortorexia. Intentar comer obsesivamente solo alimentos que el paciente considera “sanos”. Perfil de personalidad más frecuente en la anorexia/bulimia. - Mujer joven. - Inicio en la adolescencia. - Inmadurez emocional. - No quieren dejar atrás la infancia. - Miedo a la propia sexualidad. - Miedo a los encuentros con personas del otro sexo. - Dependientes de la aprobación de los demás. - Perfeccionismo. - Buenas estudiantes. - Nivel económico medio- alto. Signos de trastorno alimentario: En el comportamiento. - Preocupación por engordar. - Sentimientos negativos hacia el propio cuerpo. - Asco ante determinados alimentos. - Esconde su cuerpo bajo la ropa y se niega a ponerse prendas ajustadas o bañador. - Colección de artículos y revistas con cuerpos perfectos y consejos para conseguirlos. - Horas y horas pensando en la comida y planeando dietas. - Saberse la composición exacta y número de calorías de cada alimento. - Horas en el gimnasio. Insiste en hacer ejercicio después de comer. - Insistir en comer solo/a. - Desmenuza la comida, le da vueltas o no la toca con las manos. - Prepara postres y comilonas para los demás que no prueba. - Come cada vez que está nervioso/a - No come chuches o se pega verdaderos atracones de ellos. - En el frigorífico desaparece comida que niega haber ingerido. - Se encierra en el baño después de comer. - Incapacidad de concentrarse, mirada perdida.
Signos físicos: · Piel seca que cuando se pellizca y se suelta no recupera su forma normal. · Deshidratación. · Dolor abdominal. · Estreñimiento. · Letargo. · Fatiga. · Intolerancia al frío. · Demacración. · Desarrollo de lanugo (vello corporal blanco y fino). · Falta de la regla. · Piel amarillenta |
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